Casi todo el día oyendo la verborrea que se acostumbra en el Congreso. Aunque ahora la porquería está que rebalsa ante la cercanía de las elecciones. Lo que más me duele es que por estar pendiente de tanta diarrea no he podido seguir con la lectura de Santa Evita, esa hermosa construcción narrativa de Tomás Eloy Martínez. Trato de leer. Cinco, diez, quince palabras y me distraen de nuevo el tufo, la bulla, la deyección, las venales alharacas.
En lugar de pedir el voto, los políticos deberían pedir perdón al pueblo.
1 Comentarios:
Para pedir perdón debe ser con un serio arrepentimiento y NADIE LES CREERIA.
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