14/01/2012

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Si hay algo que me calienta los huevos hasta el tope es recibir una servicio ineficiente y ser maltratado por los empleados de cualquier oficina. Ayer se me hizo añicos (al menos por un rato, mientras recojo los pedazos para una nueva ocasión) esa creencia de que la atención al cliente en El Salvador es la peor del mundo y que los consumidores tenemos la categoría un poco más que de animales. Al inscribir mis materias en la UTEC recibí un trato decente y percibí entre los empleados el sincero deseo de colaborar con un  pobre despistado que había dejado de estudiar un par de ciclos atrás. Por unos minutos me llené de esperanzas, pero al volver a la realidad de la jungla me dije que hay excepciones a la maldita sangre que pupula entre algunos mal llamados ciudadanos.